21/11/09, Garrafe de Torio, "El gato que rie"
Parafraseando a un célebre anuncio de bebida isotónica, el ser humano es extraordinario. Nunca dejamos de descubrir algo nuevo de aquella gente que tenemos mas cerca, incluso cuando tenemos la certeza de que, tras años de convivencia, tenemos una idea bastante cercana de ese conocimiento. Pero este planteamiento también puede aplicarse desde un punto de vista contrario, es decir, que ante la duda razonable , descubres que esa gente se comporta exactamente como esperas de ella.
Y eso es lo que pasó exactamente aquella fría noche de Noviembre.
Todavía en caliente con todo lo anteriormente ocurrido en el freak parade del Bierzo Live Fest, por medio de conocidos dimos con este garito que andaba buscando grupos que nutrieran una larga agenda de un proyecto cultural que sus dueños querían desarrollar. El sitio llevaba poco tiempo abierto y estos querían que fuera algo mas que un punto de encuentro y bar restaurante.
Por lo que yo recuerdo, debimos ser los segundos o terceros que habían actuado allí. Nos habían informado que no había ningún tipo de sonorización, por lo cual, además de lo de siempre, habíamos cargado nuestro propio equipo de voces al completo. Como era habitual por esa época, Alfredo no podía venir hasta bien entrada la tarde, con lo cual volvimos a hacer de mulas de carga con un componente de menos.
El sitio era un amplio y acogedor local decorado estilo rústico, con un reservado con biblioteca, chimenea y un minúsculo espacio en una esquina a modo de escenario, lo cual nos hizo ver que íbamos a tocar cara a cara con el público. Tras presentarnos y comentar un rato la disposición del escenario, comenzamos a montar. A pesar de haber hecho la tradicional pegada de carteles, mailing , avisar a la radio, a los periodicos, rezar a San Judas Tadeo y confiar en la publicidad que nos pudieran hacer los dueños del garito, empezaba a flotar en el ambiente la sospecha de que esa noche tampoco iba a haber demasiado público. Lo cual se tradujo en un ambiente de desánimo que Manu no podía disimular. Yo simplemente me esperaba algo así y me apliqué mi maquillaje de "a mal tiempo buena cara". Podía intuír el mismo estado de ánimo en el resto de los presentes, pero en ese momento estaba mas preocupado de que mi equipo estuviera colocado y preparado de la manera mas rápida y eficazmente posible.
El principal problema del montaje del escenario era el del equipo de voces. No teníamos demasiado espacio y por aquel entonces, teniamos dos enormes pantallas del tamaño de un ataud para un niño con obesidad mórbida. Si colocabamos amplis, batería y teclado... donde íbamos a poner las pantallas? la solución fué precaria a la vez que improvisada. A la derecha del escenario teníamos un arcón congelador... ahi iria una junto a la etapa de voces (y entre tema y tema se sacaba una bolsa de anillas de calamar). La otra a mano izquierda, lo solucionamos arrastrando una mesa y colocándolo encima, a la vez que servía de guardarropa y soporte de cubatas. En cualquier caso, el único que sabía instalar todo correctamente era Alfredo y había que esperar a que apareciera para terminar de montarlo todo. Y esto ocurrió exactamente cuando ya estaba todo colocado. Casualidades de la vida, supongo... Yo en ese momento me encontraba probando mi inalambrico paseandome por el bar tocando algo que que pareciese música ante las atentas y desconfiadas miradas de los parroquianos que habían acudido a curiosear, y de paso, a tomar algo. Y de pronto empiezo a oir comentarios poco apropiados saliendo de la boca de Alfredo. Algo iba mal y debimos dejar una madeja de cables olvidados en el local. Hecho que por lo visto le sentó como un tiro y comenzó a quejarse diciendo que si no estaba el para organizarlo todo, el resultado era un desastre... Mirada asesina por parte de los que estabamos alrededor e ignorancia supina... no era el momento de enzarzarse en este tipo de discusiones. Todavia no recuerdo quién fué, pero hubo que coger el coche y volver al local a por los dichosos cables.
Olvidado el suceso y con la prueba de sonido hecha (imaginense el sonido, algo parecido a encender el reactor de un F16 en una habitación sin muebles), los dueños del garito nos pusieron unas mesas para que pudieramos cenar a gusto, ya que nos invitaban a cenar. Recuerdo que ha sido una de las cenas mas acogedoras y gratificantes que hemos disfrutado en todos los conciertos. El ambiente tranquilo y relajado. Una buena cena a base de ensalada, quesos deliciosos, y un sinfín de platos elaboradísimos hechos a base de ingredientes sanos y frescos. (Así dicho parece que comimos en casa de Tom Bombadil). Recuerdo a Alfredo arrasando los quesos, Manu con el fuá (cuac) y Raúl y yo comiendo lo justo por los nervios. Mientras tanto, los dueños muy solícitos nos pusieron el programa de radio en el que nos estaban haciendo publicidad en esos mismos instantes. Acto seguido nos propusieron algo de música para amenizar la cena, y de las muchas opciones, elegimos un poco de fusión de jazz francés (aparte de bollería y reventar camiones de fruta, tambien saben hacer música) y de Nueva Orleans. Nos divirtió bastante ver la expresión ojiplática de estos al sorprenderse de que 5 melenudos escuchasen algo que no fuese heavy metal.
También recuerdo que de postre había una sopa de chocolate a la Naranja que de no ser por su contenido cítrico (odio la fruta con todas mis fuerzas y algunas mas que me conceden los dioses) habría disfrutado bastante. Tras tomarme un cafetito tranquilamente decidimos dar tiempo para que viniera el público y de paso prepararme mentalmente para la actuación que vendría después.
Y pasaba el tiempo y no aparecía ni un alma. Empezaron a surgir comentarios negativos y maldiciones referidas a toda esa gente que nos había confirmado su asistencia y no acababa de llegar. Manu es especialmente negativo en estos casos, saliendo a echar un cigarrillo (por supuesto, yo), me comenta que está desesperado y que no aguanta esta situación de dar conciertos para nadie. Como siempre, mi respuesta es la misma, "esto es así". Hoy nada y cuando menos te lo esperas tocas ante una sala abarrotada. Yo lo había asumido desde el mismo momento en que decidí subirme a un escenario. Por un lado es una cosa que me gusta bien poco. No soy una persona que disfrute bajo las luces, ni con la atención del público. Y procuro tener los pies en la tierra. Practicamente no se nos conoce. No sabemos como llamar la atención ni como crear expectación por nuestro espectáculo. Y tampoco sabemos a ciencia cierta que es lo que opina el público de nosotros (que mi cuñado me diga que ha sonado de vicio no me vale). Lo único que podemos hacer ante todo esto es salir al tablao y actuar como si nos fuera la vida en ello. Y la actitud que tenía Manu en esos momentos no era la mejor, ni mucho menos. Pero no podíamos hacer nada más.
Superado el momento vemos que aparte de 4 vecinos y nuestras incondicionales fans, Leti y Mari, que de paso se habían traido a varios coleguitas, la sala está totalmente vacia. Como corderitos desfilando hacia el matadero, decidimos comenzar la función. Mi primera reacción fue la de "bien, un ensayo pagado." y con esa actitud comencé a tocar. Pero una formidable metamorfosis brotó en el interior de Raúl azuzada por el animo contagioso del público femenino. El que en otras ocasiones era el tímido y taimado cantante que se esforzaba por salir airoso en el escenario, se convirtió en un showman al mas puro estilo americano. Teniendo a 10 personas a metro y medio, lo primero que pensé es que estaría totalmente acogotado, pero la realidad fué totalmente diferente, se movía con rabia, cantaba con energía, una oleada de confianza en si mismo le inviadía y aparte de una magistral interpretación (no libre de gambas, como el resto) destilaba simpatía y buen rollo, haciendo partícipe al respetable y no sin algún que otro homenaje a Histrión, que nos dejó a todos con la mirada algo cruzada. Bueno, esta era la estampa desde mi posición si mirabas a las 12. Giremos 180 grados (Ñiiec).
Imaginad: Otoño, un día gris y neblinoso en una oscura y brumosa parcela de tierra a medio sembrar, un silencio sepulcral únicamente roto por cuervos graznando se une a una fina pero intensa lluvia que cala los huesos de un bajista, un teclista y un batería que miran hacia el infinito con mirada torva; su pelo está empapado, cayendo sobre su semblante y unas cejas en posición totalmente horizontal proyectan ominosamente una sombra sobre sus ojos vacios mientras interpretan maquinalmente su repertorio. Mas o menos esto reflejaba el escenario cuando girabas la cabeza y mirabas lo que estaba sucediendo detrás. La sensación de desánimo ante el poco público asistente había provocado en la linea trasera del escenario una imagen muy parecida a esta. Si trazamos una linea imaginaria entre estos tres (situados atrás) y Raúl y yo (situados delante) podíamos enseñar a un extraterrestre oligofrénico la diferencia entre el invierno y el verano con nuestra puesta en escena.
Y así transcurrió todo el concierto, Raúl exultante y lleno de vida se centró en darlo todo y ofrecer lo mejor de si mismo a Leti y Mari, mientras que el resto del público se escondía en la sombría seguridad de las zonas mas alejadas de la barra. Yo, contagiado del entusiasmo de Raúl y del exiguo público, disfrute con una sonrisa en los labios de la hora y cuarto de actuación programada.
Al terminar la actuación todo era un sinfín de sentimientos encontrados. Mientras que Raúl y yo posabamos para las fotos de rigor con una sonrisa parecida a una rodaja de sandía, el resto se afanaba en tomar un poco de aire y comenzar a planear una retirada digna.
Seguían los comentarios por parte de Manu sobre la escasa asistencia de público y en un momento dado, este propone renunciar a nuestros honorarios ya que no le habíamos llenado el bar a sus dueños. Una gran sensación de bajón se apodera de todo mi ser. Le pregunto que que es lo que opinan los demás y sin prestarle demasiada atención le contesto que ok, de acuerdo. No me gusta la idea de renunciar a mi pasta, pero en una oleada de altruismo y cansancio decido apoyar la moción y por lo menos aprovecho la barra libre.
Puedo ver a Jorge sentado en una mesa solitariamente solo con una leve expresión de desánimo. Y estoy seguro que es por este último asunto monetario. Tras una breve charla decido irme junto al fuego con Raúl, Leti y Mari que estaban acomodaditos en los mejores sitios. Seguimos ahi mas agusto que en brazos durante un buen rato y cuando el garito vuelve a estar vacio me arrimo a los dueños para comentar las jugadas del día. Están bastante sorprendidos por nuestro generoso (y a día de hoy considero estúpido) gesto y tras alguna disculpa por la escasa asistencia de público nos prometen volver a llamarnos en primavera o verano, y por supuesto, otra cena gratis.
Por lo menos, me voy con buen sabor de boca. Los pocos asistentes nos han pedido bastantes maquetas y nos han felicitado por hacer un heavy metal melódico y apto para todos los públicos.
Recogemos, y plaf. A casita. Así de simple.
A nuestro correo electrónico desde ese día, provenientes de "El gato que rie" llegaron innumerables invitaciones a conciertos, exposiciones, y demás historias, pero de la actuación prometida... nada de nada.
Raúl pasó algún otro día por lo menos para ver cuando podíamos disfrutar de esa cena que dejamos ahi a deber, pero una vez mas, que si quieres arroz Catalina.
Y a día de hoy se que el garito ha cerrado y que aparte de lo que he mencionado antes no se volvieron a poner en contacto con nosotros absolutamente para nada. Asique volvimos a aprender otra valiosa lección. Para ser buena persona, hay que empezar por pensar en uno mismo.
Y en cuanto a lo demás. Aprendí que Raúl podía (y pudo) cambiar en el escenario, y que Manu, después de todo, era el mismo de siempre, y no iba a cambiar.
Y eso es lo que pasó exactamente aquella fría noche de Noviembre.
1 comentario:
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