viernes, 29 de junio de 2012

Epílogo

Cuatro años han pasado desde que decidiera comenzar este Blog. Parece que ha pasado muchísimo mas tiempo que eso desde que una noche de Abril decidíera llevar un diario de lo que para mi  ha sido una experiencia vital. Me he tomado mi tiempo a la hora de publicar la reseña de todas las actuaciones, es mi manera de hacer las cosas. Pese a los riesgos que esto conlleva, como el de olvidar o cambiar involuntariamente la memoria de ciertos hechos, creo que es un buen ejercicio, ya que el tiempo te hace ver las cosas desde otra perspectiva mas amplia y menos "pasional" por así decirlo. En este blog, como en la música y muchos mas aspectos de mi vida, me he tomado las cosas con mucha calma para asegurarme de que, cada vez que publicase un trocito de nuestra historia, fuera por que realmente me apetecía, con la intención de hacerlo bien y detallado, y no terminarlo con la mayor celeridad posible para que todo estuviera disponible en el momento mas cercano a todo lo que estaba relatando.

Adae fue para mi una gran escuela, tanto a nivel musical como personal. He tenido el privilegio de poder componer e interpretar mis propias canciones rodeado de músicos de un talento e inspiración muy difíciles de encontrar en León. Todas estas canciones hubieran sido un esqueleto vacio sin su espíritu colaborador y su afán de llegar siempre un poco mas allá, y por supuesto, sin su buen hacer. Para mi era algo mágico cuando oía una de las maravillosas líneas de bajo de Jorge amoldándose a la perfección o cuando Raúl entendía sin apenas indicaciones el sentido y la melodía de las lineas de voz, mejorándolas con su gran genio para las letras. 

Quizás la persona con la que mas me costaba trabajar era con Manu, el eterno perfeccionista, y el que para mí es sin duda el mejor batería que puede tener una banda. La mayoría de las veces que llevaba un tema nuevo al local me encontraba con un muro infranqueable que era su inconformismo, pero cuando me dejaba guiar por su forma de hacer las cosas el resultado era a menudo ciertamente excepcional. Temas como "Mas allá de la razón..." hubiesen sido dolorosamente mediocres de no ser por su insistencia en que siempre se puede hacer un poquito mejor, aunque ya fuera perfecto.

Alfredo también fue uno de los artífices del sonido de Adae. Aunque creo que en lo musical chocábamos frontalmente, tanto en la manera de hacer las cosas como de entender la música. Siempre afirmaré que sus teclados y su talento fueron mucho de lo que nos dio nuestra identidad. De el aprendí muchas cosas, tanto de lo que teníamos en común como de lo que no. A pesar de nuestras diferencias musicales creo que en lo personal somos dos personas muy similares.

Todos estos conciertos, toda esta gente, y todas estas experiencias han contribuído en una gran medida a ser la persona que soy hoy en día. He abierto mi mente a muchas cosas que antes me negaba rotundamente a aceptar y he encarrilado muchos aspectos de mi vida gracias a lo que aprendí en todos estos años con Adae. He aprendido muchísimo sobre mi  mismo, sobre mis cualidades y sobre mis limitaciones, y sobre todo, he descubierto muchos de mis defectos que hoy en día, todavía intento mejorar.

Nunca supe a ciencia cierta el grado de éxito o qué opiniones suscitaba en la gente nuestra música. A mí me gustaría pensar que hemos dejado una pequeña huella en todo aquel que escuchó alguna de nuestras canciones. Una vez oí que la luz de las estrellas tardaba quinientos años en llegar hasta nuestros ojos; me gustaría que, con el paso de los años,  nuestra música perdurase igual que la imagen de las constelaciones en el cielo nocturno, tantos años atrás creada. Puestos a pedir, me gusta pensar que ojalá nuestro cd pase años en la estantería de alguien que ni siquiera conocemos y que de vez en cuando, suene en algún viejo reproductor. Todavía recuerdo la maravillosa sensación de escuchar "Mas allá..." sonando en un bar y ver que tres o cuatro personas la estaban tarareando. No es gran cosa en apariencia, pero solo en apariencia.

Alguno puede pensar que con todo este relato parece que no hubo malos momentos ni cometimos errores. Por supuesto que si. Pero yo ya los he borrado de mi memoria, lo cual es síntoma de que hubo mucho mas de lo bueno. Y se que estos años no se han desperdiciado. De alguna manera o de otra todos seguimos conectados con la música y hemos crecido con la experiencia. En la actualidad Raúl es un orgulloso y dedicado padre de familia que sé que atesora el recuerdo de su paso por el escenario. Manu es el nuevo batería de Darkkam y sigue estudiando e intentando mejorar poco a poco, Alfredo sigue con B4u, Everwake y sus propios proyectos personales, y estoy seguro de que Jorge sigue involucrado en la música de una u otra manera. Fran sigue dándole duro al bajo en "Battering Ram", y yo, espero ser un gran pianista dentro de unos cuantos años.

No echo de menos a Adae, pero ni por un momento se me ocurriría echarlo de más.

Echo de menos:

-Los chistes de Manu (aunque parezca increíble)
-Las cervecitas
-Las cenas
-Los Bollicaos
-Las largas charlas con Jorge después de los ensayos sobre los viejos tiempos
-El buen rollo de Raúl
-Los aplausos
-Acabar llorando de la risa en los ensayos
-Los viajes
-El tercer tiempo
-El premio por acabar semifinalistas en el Rock in León 2010
-El premio por acabar semifinalistas en el Bierzo Live Fest 2009
-Los calendarios de tías en bolas
-Los arreglos musicales rollo peli porno de Alfredo
-Grabar en un estudio
-A todas esas chicas que nos apoyaron tanto (a ver esas mentes sucias que os conozco)
-A toda la gente que nos apoyó tanto (esto ya me da igual lo que penséis)
-Los ratones y arañas de los locales de ensayo
-A los gatos tan bien alimentados de los locales de ensayo
-No haber tocado en el Tutatis/Hellraiser (lástima, no pudo ser)
-No haber probado el lechazo de Terradillos
-Ensayar al lado de "Esta noche no"
-Las sesiones fotográficas con Alvaro Ayarza/Ana Cruz
-Tocar "Septima estrella"


No echo de menos:

-A Versículo III
-Al manager de los Invadeath (no así al grupo)
-Las fiestas de los pueblos
-El premio por acabar semifinalistas en el Bierzo Live Fest 2009
-A garganta profunda y su peinado.
-Montar y desmontar el local
-Cargar y descargar el equipo
-A los borrachos que tocaban las narices
-A la escuela municipal de danza
-Los calores del escenario del Scanner
-El 80% de los grupos de punk/rock con los que nos tocó compartir escenario
-La prepotencia de muchos músicos
-Salir a pegar carteles
-A los dueños de los bares que no nos apoyaron y que despreciaron nuestra maqueta.
-El olor a kalimocho podrido de los locales los domingos por la mañana
-La mala educación de muchas bandas que ensuciaban y rompían las áreas comunes de los locales
-Ensayar un Domingo por la mañana 


Y esto es el punto y final; a todos los que hayáis llegado a este punto, gracias por vuestro tiempo, y hasta siempre.




miércoles, 27 de junio de 2012

Adios al romance



Unas cuantas semanas antes del concierto había recibido una llamada de Diego, uno de los guitarristas de Darkkam; tenía una actuación en Castrofuerte y por lo que fuera no podía asistir, así que pensó en nosotros para cubrir el hueco. Teníamos otra actuación para el verano, bastante bien pagada y era otra oportunidad para seguir dando vida a la banda en lo que seguía siendo un momento tenso.

Como siempre preparamos la actuación con el repertorio habitual, y esta vez con sorpresa. Por primera vez en muchísimo tiempo en el repertorio de Adae figuraba una versión. Y no cualquiera, pero no adelantemos acontecimientos.

Coincidió que la semana del concierto yo me había desplazado a Madrid y llegaba otra vez a León el mismo día de la actuación, concretamente dos horas antes, por lo que me iba a ahorrar el cargar y descargar. La única pega iba a ser que el viaje de vuelta en autobús me había dejado baldado, entre las muchas paradas intermedias y un mongol que tenía delante que se empeñaba en echar el asiento hacia atrás para echarse una siesta. Tras una amable invitación a se sentara como las personas (y no como los animales, con el debido respeto a estos últimos) y varias patadas en el respaldo, conseguí llegar a León no demasiado hecho polvo.

Entre medias del viaje hice un par de llamadas a mis compañeros para ver como iba todo. En un principio no  me preocupé demasiado por el tema, pero un último comentario me dió algo de mala espina. Semanas antes había hablado con Jose Antonio, el organizador del evento; un chico que estaba intentando montar un festival de rock en su pueblo con todas las ganas del mundo, pero como siempre en estos casos, haciendo maravillas con el poco presupuesto del que disponía. Bueno, a lo que iba, cuando hablé con el le sometí prácticamente a un tercer grado con el fin de averiguar las características y el set-up del escenario. En un principio íbamos a tocar al aire libre en un tablado ad-hoc, pero cuando llamé a mis compañeros me dijeron que finalmente íbamos a tocar en la casa de cultura de Castrofuerte, con partidas de ping-pong incluídas.

Llegué a casa, me dí una ducha rápida, y mientras mi chica se quedaba despatarrada bien a gusto en el sofá yo ya estaba camino de Valencia de Don Juan para reunirme con el resto de los miembros de Adae. Tras un relajante trayecto nocturno en mi cochecito nuevo llegué con mis guitarras y, tras pasarme por Castrofuerte para localizar a mis compañeros tuve que dar la vuelta ya que estos estaban dispuestos a cenar en una pizzería en Valencia de Don Juan. Aparqué enfrente del castillo (la vista prometía una noche alentadora) y me dirigí hacia el restaurante, donde además de mis compañeros me encontré a Ángel, bajista de Darkkam que esa noche se iba a encargar de la sonorización. Cenamos bien y tras un agradable rato de charla nos dirigimos hacia la casa de cultura de Castrofuerte. El concierto iba a empezar entrada la madrugada, pero los acontecimientos hicieron que la cosa empezase mas entrada la madrugada de la cuenta.

Cuando entré en el sitio en cuestión la visión fue algo desconcertante. Terraza llena de gente celebrando las fiestas entre barajas y cubatas y algunos niños de muy cortita edad pululando por delante del escenario, detrás del escenario y dentro del escenario. El sitio en cuestión tenía un techo bajo y el sonido para fuera era complicado de entender. Tanto Ángel como Jose Antonio se afanaban por que aquello sonase de la mejor manera posible mientras "Factum est" comenzaban su descarga. Me he ahorrado detalles de la prueba de sonido porque simplemente, no fue algo demasiado relevante en mi memoria. Con mayor o menor suerte, a las tres y pico de la mañana y con un puñado de niños pequeños bailando y subiéndose al escenario cuando podían, termina su actuación. A pesar del sonido, disfruté el concierto y finalmente aprovechamos para echar una charla con ellos cuando terminaron para ver qué tal se tocaba en ese escenario. Las noticias no fueron demasiado alentadoras. El sonido dentro in-stage no debía ser demasiado bueno por lo que me estaban comentando. Ahora nos toca subir a nosotros.

Ya arriba y con todo montado, nos disponemos a dar nuestra hora y cuarto de repertorio delante de alguno de los quintos, los "Factum est" y los niños. Uno de ellos se sube al escenario para hacer la gracia. Con toda la amabilidad de la que soy capaz le invito a bajarse (si todavía no lo habéis averiguado, no, no soporto a los niños). Comienza la descarga. Primeros acordes y... nos explotan los oídos! el sonido dentro del escenario era imposible de descifrar, algo así como quinientas bubucelas pasando por un megáfono. Me cuesta encontrar la batería entre todo el barullo y seguir el ritmo. Raúl tampoco oye nada y es incapaz de acoplarse al tono, me hace señas desesperadas para que suba el volumen, Manu  está haciendo un magistral ejercicio de "ad libitum" y Jorge se intenta acoplar a todo como puede. El sonido es un caos, todos desacompasados y Raúl fuera de tono contínuamente, lo que le lleva a hacer unas alarmantes bajadas para poder entenderse entre todo el jaleo. Mientras tanto en la mesa Ángel esta buscando la cuadratura del círculo para solucionar todo este desastre. Tienen que pasar unos tres temas para que empecemos a  ver un poco de luz entre tanta oscuridad auditiva, pero el daño ya estaba hecho. Los pocos que nos están viendo tienen una cara de espanto terrible y empiezan a pasar los graciosos de turno delante del escenario tapándose los oídos entre risas. Los organizadores, amablemente nos deslizan unas cervezas al escenario, por desgracia, la mía me la colocan delante de la pedalera y en un momento de máxima exaltación metalera sale rodando victima de un derechazo a lo Prosinecky... Transcurre el concierto y, a pesar del sonido, logramos encarrilar la actuación, salvo por un detalle:

Veo que el salón se ha llenado de gente de golpe y todos mirándonos con cara de pocos amigos. Empiezan las protestas y gente que, empieza a hacer comentarios para que vayamos terminando. Yo doy por hecho que no ha gustado en absoluto el concierto y nos limitamos a terminar el repertorio de hora y cuarto que teníamos apalabrado. Mis compañeros, a excepción de Raúl vuelven a la cara de entierro provocada por el desarrollo de los acontecimientos, y eso mezclado con la reacción que estoy viendo en el público me ponen extremadamente incómodo sobre el escenario. Vamos terminando la actuación y la gente sigue haciendo comentarios para que terminemos cuanto antes. Cuando llegamos al final la gente esta muy molesta y se alegra de que hayamos terminado de una vez. Me doy la vuelta y empezamos a hablar de que con este ambiente casi mejor que nos ahorramos el bis. En el mismo momento que estamos diciendo esto , Raúl se ha dado la vuelta y micrófono en mano, pronuncia las siguientes palabras con toda la emoción del mundo:

"THE RHYME OF THE ANCIENT MARINER"!!!






Para una vez que decidimos hacer una versión, nos marcamos una de un cuarto de hora, con un par. A día de hoy todavia me rio solo de pensar lo que suponía para un público ansioso de que nos bajaramos del escenario escuchar esto... En aquel momento solo quería que me tragase la tierra, nada mas empezar, empezaron a llover insultos, apagados por nuestra música. Yo, mirase donde mirase solo veía caras de entierro, tanto dentro como fuera del escenario, y yo que tampoco estaba muy fino, solo quería salir pitando de allí. El único que estaba disfrutando de todo esto era Raúl, que se gozó la versión de principio a fin ignorando todo lo que no fuera el temazo de Iron Maiden que nos estábamos marcando.

Cuando por fin nos bajamos del escenario nos enteramos que las quejas estaban motivadas a que la stripper cobraba por horas y nuestra actuación estaba pisando el tiempo reservado para la señorita, que aunque no actuara en esos momentos, lo estaba cobrando igual. La comisión de fiestas estaba que trinaba, pero no era culpa nuestra que la actuación no hubiera empezado a la hora que debía, y en cualquier caso, nosotros nos habíamos limitado a cumplir con el tiempo que se nos había pedido que tocásemos.

Empezada la actuación de la stripper me dirigí a la barra y pedí un litro de cocacola para mi solito. La camarera me reconoció al instante y me lo sirvió a regañadientes, muy mal encarada y mas aún cuando vió que no tenía intención alguna de pagar la consumición.

Nos dedicamos a ver el striptease intentando olvidar el momento pasado un rato antes; la señorita empezó a contonearse al son de la música ante la mirada del nutrido grupo de niños anteriormente mencionados (cuyas edades rondaban desde los 5 a los 9 años aproximadamente) que miraban con cara de viciosos (estamos hablando de las 5 de la mañana y puestos de azucar hasta las orejas) y gritando de vez en cuando para que  se quitase la ropa de una vez.  Me pude echar unas buenas risas cuando la chica cogió nuestra silla (mas bien la de Jorge) para restregarse el mato grosso sin tela alguna que se interpusiera. Después de eso, no sabíamos si enmarcar el taburete o lavarlo con zotal.

La salida a León no fué demasiado agradable. Todos sabíamos como había salido la noche, y a pesar de haber cobrado bien, Jorge estaba muy disgustado con el resultado. Sabíamos que tenía razón, pero los viejos fantasmas y las desavenencias posteriores al concierto dejaron tocada de muerte a la banda.

Poco tiempo después, y a pesar de haber encontrado teclista (Jose Antonio, el organizador de este último concierto) terminamos disolviendo definitivamente el grupo de una manera que no nos hubiera gustado.

El sueño acabó.




martes, 26 de junio de 2012

Semana Negra.Via crucis gastronómico.


Con este precioso cartel, que guardo como oro en paño, el Pub Noise nos invitaba a participar en la semana negra de Gijón. Hacía algún tiempo que teníamos este concierto apalabrado, y salvando la situación por la que estabamos pasando tenía muchas ganas de salir hacia tierras asturianas y pisar uno de sus escenarios. Había decidido darle una segunda oportunidad a Adae, y a pesar de que seguía con todo esto con muchos recelos, la perspectiva de un viaje, una buena comilona y una actuación en la semana negra era algo que no se me podía escapar.

El grupo volvía otra vez a las andadas, tras los nubarrones de días anteriores  nos volvimos al local de ensayo a preparar el concierto como habíamos hecho tantas veces antes. El pub ponía practicamente casi todo el equipo, nos había dado las directrices para llegar a la carpa, complicadas, ya que los señores policias de Gijón aprovechan la mas mínima oportunidad de darte una receta, independientemente de que participes o no en la semana negra; yo estrenaba coche nuevo y era un dia soleado y radiante de esos que me gustan tan poco, pero me daba lo mismo. Un día en Asturias, y concierto, y me hacía todo mucha ilusión.

Primera estación:
Después de cargar lo poco que teníamos que llevar descubrí que el grupo había recuperado parte del optimismo que habíamos perdido. Con un ambiente cálido y jovial, salimos todos a la carretera con la promesa de ser un gran día. Primera parada: De buena mañana un cafetito no viene nada mal (o fue mosto o cocacola o... no me acuerdo...) y aprovechamos para parar un ratillo en un bar que hay justo antes de empezar a bajar por el puerto de Pajares. Echamos un buen rato de risas y también le echamos el ojo a un jato que corría feliz por el pasto con las aviesas intenciones de hacer una parrillada. Había hambre.

Bajamos el puerto a una velocidad mas o menos decente y  siguiendo las indicaciones de Jorge, nos dirigimos hacia un asador de Lugones en el que se comía muy bien. Seguimos y seguimos al coche de Raúl por la autovia cuando de golpe toma una salida sin darme ocasión a reaccionar. Otro coche se me pone a la derecha y me quita toda posibilidad de seguir a mis compañeros. Me paso de largo la salida por la que se habían ido los demas y haciendo un alarde de orientación (y buena suerte) salgo por la siguiente y llego al restaurante por la parte de atrás.

Segunda estación:

Entramos y para mi beneplácito me encuentro una parrilla digna de la forja de Hefaistos llena a mas no poder de carne preparada de todas las formas y colores imaginables. Nos sentamos a la mesa y decidimos seguir la recomendación de Jorge que es ni mas ni menos que pedir un surtido de carnes a la brasa. El resultado fue mas o menos el siguiente:




                                         


La comida transcurre entre risas y mucha, mucha hambre y tras descansar el estómago con un cafetito, y un par de cigarros por mi parte en la zona verde, decidimos que era buen momento para ponernos en marcha y llegar al escenario con puntualidad Británica.

Seguimos la ruta indicada por el organizador y pronto pudimos ver el Real de la feria donde se había situado la semana Negra. Avisados estábamos por el dueño del Noise de que no podíamos entrar a la feria mas que andando y que no quedaba mas remedio que aparcar en la entrada descargar, ir al quinto cuerno a dejar los coches y volver andando para cargar con los cacharros y meternos otro paseo (y no corto) hasta el escenario; teníamos el añadido de que nos habían avisado para que no permaneciéramos mucho tiempo en la zona de descarga ya que estaría cortada al tráfico y los señores policías no se lo pensaban demasiado a la hora de poner multas, con lo cual allí estábamos con el culo torcido sin saber muy bien en donde estaba nuestra carpa, acompañados de los "Totum Revolutum" y perdidos en un marasmo de casetas de comida basura, vendedores ambulantes, tatuajes de Henna y casi cualquier cosa que nada tenía que ver con lo que nos habían vendido sobre la Semana Negra de Gijón. Salvo una pequeña zona en la que había unos pocos puestos de libros usados (y sin usar), algo de música y una carpa exposición y salón de actos, el resto era exactamente lo mismo que una feria ambulante de las fiestas de cualquier capital de provincias... con su noria y coches de choque incluídos.

Localizamos la carpa (por fin) mirando con envidia al enorme escenario que se encontraba en la zona central de todo aquel circo. Tras una breve charla con el encargado cogimos un carrito y volvimos a los coches con la intención de trasladar toda la cacharrería. El carrito era de ruedines bajos y el suelo de la feria era de esos de piedras en los que se te hunden los pies. Fue un mini calvario tirar del carrito entre piedras y gente para llegar, pero la novedad, la emoción y el entusiasmo no nos hizo reparar en el esfuerzo demasiado.

Nuestros compañeros gallegos también estaban colocando todo el montante y a pesar del extraño hace calor-hace frio del clíma asturiano se estaba bien a gusto en la carpa del Noise. Ya cuando nos avisaron de que habíamos sido seleccionados para participar (a estas alturas se me había olvidado que era un concurso, pero es lo que tiene, realmente íbamos por el viaje) me había visto un montón de videos de grupos participantes en años anteriores y en todos el ambiente era muy bueno y con una buena afluencia de público. Las expectativas eran buenas, además, el dueño de la carpa (generoso con la barra donde los haya, y del que decidimos no aprovecharnos por ser buena gente) nos había comentado que el día anterior había actuado un grupo sueco que lo había petado. Chocaba un poco con  la escasez de gente que había por los alrededores, pero todavía era muy pronto y el concierto sería a las ocho de la tarde. No había motivos para desconfiar. Mas cosas curiosas sobre la semana negra fue la absurda y recaudatoria restricción al tabaco. El que haya estado allí sabrá que las carpas son abiertas, pero pobre del responsable de la carpa si pillaban a alguien fumando dentro. Para mas inri, millones de chinos pululaban por la feria vendiendo tabaco de contrabando. Para un fumador empedernido como yo, esto era el culmen de la aberración y la doble moral.

Tercera estación:
Pasamos la tarde entre lo aburrido y lo agradable apalancados en la terracita del Noise (donde hay cerveza hay alegría) pero para nuestra desgracia nadie se había interesado en nuestra actuación, por lo cual, aunque a pocos minutos del concierto en la feria había mucha gente curioseando y pululando por ahi, nuestra carpa estaba vacía. La única persona que (por otro lado, como siempre y siendo una incondicional de la banda) apareció fue Susana y por lo menos, agradecimos la presencia de una cara conocida que siempre nos había apoyado.



Viendo que el panorama no se animaba demasiado, comenzó la actuación de los gallegos, llena de energía y mucho sentido del humor, con un estilo que para mi es muy difícil de catalogar pero que sonaba cañero y currado. Con solo los acompañantes de las bandas y algún despistado empezó el concierto mientras todos lo veíamos bien sentaditos en nuestra terraza.


Y terminada la actuación de los revolutum nos dispusimos a empezar nuestra descarga con un ambiente no muy diferente al de nuestros compañeros gallegos. Como siempre, el sonido estaba a la altura de las expectativas, la batería que había puesto la organización era mas que decente y hasta el momento no había habido ningún desastre propio de otras ocasiones. Todo parecía indicar que la mala suerte de las últimas ocasiones nos había dado un descanso. Bueno, si exceptuamos que en la carpa, y aparte de los "Totum Revolutum", mi chica y Susana, no había nadie. Y así transcurrió la actuación de Adae una vez mas sin pena ni gloria, aunque esta vez la ausencia de público no hizo mella en el ánimo de ninguno y pudimos dar un concierto sin incidentes y muy cómodos, sin presiones... y muy soso. Es decir, no es que nosotros hubiéramos sonado así, era mas bien que sin público, sin nadie a veinte metros por delante, ni siquiera un borracho tambaleándose haciendo cuernos pegado al escenario y pidiendo canciones de barricada...faltaba algo; para mi la cosa fue como comerse un bocadillo de pan. Te calma el hambre, pero te falta el jamón.


Ya después del concierto teníamos que recoger zumbando, ya que queríamos cenar algo si era posible. Dejamos todo amontonado amorosamente y decidimos salir a dar un breve paseo nocturno para ver el ambiente de la feria. Raúl quería aprovechar el viaje para comprar unos libros a sus peques y mi chica y yo para comprárnoslos a nosotros mismos. Lo que en principio fue una vueltecilla se convirtió en un rato, y que posteriormente se convirtió en un "vamos a ver todas las casetas de libros que seguro que aquí encuentro las obras completas de Lovecraft". Con todo el jaleo, el ruido y la poca cobertura no pude darme cuenta de que Manu y Jorge nos estaban llamando a ver donde coño estábamos. Cuando volvimos a la carpa del Noise, nos encontramos un carro lleno de todos nuestros cacharros escoltado por un batería y un bajista ladrando como perros rabiosos ya que se habían comido el trabajo de montar, había que marchar y no sabían nada de nosotros durante nuestro largo periplo libresco. Aguantamos el chaparrón y decidimos ir a por los coches (al quinto cuerno), cargar todo y salir hacia Gijón a ver si encontrábamos una pizzería para llenar la panza. Volvimos a la zona de carga/descarga (léase carretera cortada al trafico por múltiples coches patrulla) y tras rellenar los maleteros con el equipo se nos ocurre que quizás unas porras rellenas de chocolate que vendían en uno de los puestos nos vendrían genial cuando llegáramos al local a las tantas de la mañana. Ahí es cuando Jorge y Manu deciden tomarse la revancha. Mientras que Raúl y yo permanecíamos en el coche esperando que volvieran con las porras estos últimos también se dedican a visitar la feria y las casetas. Mientras los que estamos en el coche estamos mordiendonos las uñas, ya que los señores policias no hacen mas que mirarnos con cara de multa (de hecho tuvimos que salir un par de veces y volver a la zona para evitar la receta), los otros dos tardan unos 40 minutos de reloj en volver. Eso si, con una taza de los Kiss que molaba mil, y con las porras rellenas, del tamaño del pene de un elefante africano y metidas en unos periódicos completamente transparentes y aceitosos. Por fin, salimos hacia Gijon.

Cuarta estación:

En Gijón decidimos dejar los coches en un parking al lado de la playa y buscar una pizzería que vimos de refilón. Por suerte hemos encontrado sitio sin problemas, a pesar de ser algo tarde y yo incluso puedo ir a otro bar a comprar tabaco. La cosa seguía saliendo a pedir de boca. Todos pedimos pizza y yo aprovecho para salir a echar un pitillo mientras la traen. De golpe, veo que la puerta del garito se abre, sale un tío corriendo y detrás de el, un camarero armado con una cubitera llena de agua helada. Me aparto dando una calada y veo al camarero vaciar la cubitera en dirección del primero... y de unos viejos que estaban paseando tranquilamente por la acera. Afortunadamente, no hubo heridos de gravedad. Se echan unas risas, el camarero y el interfecto se despiden y ambos vuelven a sus respectivos lugares de origen. Pasado ese momento Buñuel, decido que es momento de empezar la cena.

Las pizzas que nos trajeron eran del tamaño de una rueda de tractor, muy caseras y sabrosas. La cena vuelve a transcurrir entre risas y buen rollo. Renuncié al postre en favor de un cafetito y tras un poco de sobremesa volvimos al coche con intención de regresar a casa, esta vez por la autopista. Somos mayores, estamos cansados y no tenemos ganas de sorpresas desagradables a nuestra vuelta.

Tras un viaje de vuelta que se me hizo eterno, por fin llegamos al local con mucho sueño, pero con un termo de café, bollería industrial, los bollicaos ya tradicionales en el tercer tiempo y como no, las porras.

Quinta estación:
Ya en el local, con todo descargado, mi estómago me suplica que no lo torture mas, pero el cafetito y la bollería son demasiado tentadores. El resto del grupo tienen un hambre matador y se abalanzan por las porras como si no hubieran comido nada en todo el día. Cuando las sacamos de la bolsa nos damos cuenta de que aquello era una almazara de churros. Los periódicos se habían desintegrado prácticamente y aquello chorreaba mas aceite que el culo de Northstar. Veo que todos están masticando y haciendo gestos de que aquello está buenísimo. Yo miro con terror aquella masa pringosa y le doy el primer bocado. Me doy cuenta que comerme eso entero podría provocar una angina de pecho a Moby Dick. Tras unos cuantos bocados mas y totalmente asqueado decido tirar aquello y dedicarme al café y al bollicao.

Y finalmente volvimos a casa. Con una de nuestras pequeñas ilusiones cumplidas, salir a tocar a Gijón y habiendo pasado un divertido día de verano. Era agradable volver a los viejos tiempos.