Unas cuantas semanas antes del concierto había recibido una llamada de Diego, uno de los guitarristas de Darkkam; tenía una actuación en Castrofuerte y por lo que fuera no podía asistir, así que pensó en nosotros para cubrir el hueco. Teníamos otra actuación para el verano, bastante bien pagada y era otra oportunidad para seguir dando vida a la banda en lo que seguía siendo un momento tenso.
Como siempre preparamos la actuación con el repertorio habitual, y esta vez con sorpresa. Por primera vez en muchísimo tiempo en el repertorio de Adae figuraba una versión. Y no cualquiera, pero no adelantemos acontecimientos.
Coincidió que la semana del concierto yo me había desplazado a Madrid y llegaba otra vez a León el mismo día de la actuación, concretamente dos horas antes, por lo que me iba a ahorrar el cargar y descargar. La única pega iba a ser que el viaje de vuelta en autobús me había dejado baldado, entre las muchas paradas intermedias y un mongol que tenía delante que se empeñaba en echar el asiento hacia atrás para echarse una siesta. Tras una amable invitación a se sentara como las personas (y no como los animales, con el debido respeto a estos últimos) y varias patadas en el respaldo, conseguí llegar a León no demasiado hecho polvo.
Entre medias del viaje hice un par de llamadas a mis compañeros para ver como iba todo. En un principio no me preocupé demasiado por el tema, pero un último comentario me dió algo de mala espina. Semanas antes había hablado con Jose Antonio, el organizador del evento; un chico que estaba intentando montar un festival de rock en su pueblo con todas las ganas del mundo, pero como siempre en estos casos, haciendo maravillas con el poco presupuesto del que disponía. Bueno, a lo que iba, cuando hablé con el le sometí prácticamente a un tercer grado con el fin de averiguar las características y el set-up del escenario. En un principio íbamos a tocar al aire libre en un tablado ad-hoc, pero cuando llamé a mis compañeros me dijeron que finalmente íbamos a tocar en la casa de cultura de Castrofuerte, con partidas de ping-pong incluídas.
Llegué a casa, me dí una ducha rápida, y mientras mi chica se quedaba despatarrada bien a gusto en el sofá yo ya estaba camino de Valencia de Don Juan para reunirme con el resto de los miembros de Adae. Tras un relajante trayecto nocturno en mi cochecito nuevo llegué con mis guitarras y, tras pasarme por Castrofuerte para localizar a mis compañeros tuve que dar la vuelta ya que estos estaban dispuestos a cenar en una pizzería en Valencia de Don Juan. Aparqué enfrente del castillo (la vista prometía una noche alentadora) y me dirigí hacia el restaurante, donde además de mis compañeros me encontré a Ángel, bajista de Darkkam que esa noche se iba a encargar de la sonorización. Cenamos bien y tras un agradable rato de charla nos dirigimos hacia la casa de cultura de Castrofuerte. El concierto iba a empezar entrada la madrugada, pero los acontecimientos hicieron que la cosa empezase mas entrada la madrugada de la cuenta.
Cuando entré en el sitio en cuestión la visión fue algo desconcertante. Terraza llena de gente celebrando las fiestas entre barajas y cubatas y algunos niños de muy cortita edad pululando por delante del escenario, detrás del escenario y dentro del escenario. El sitio en cuestión tenía un techo bajo y el sonido para fuera era complicado de entender. Tanto Ángel como Jose Antonio se afanaban por que aquello sonase de la mejor manera posible mientras "Factum est" comenzaban su descarga. Me he ahorrado detalles de la prueba de sonido porque simplemente, no fue algo demasiado relevante en mi memoria. Con mayor o menor suerte, a las tres y pico de la mañana y con un puñado de niños pequeños bailando y subiéndose al escenario cuando podían, termina su actuación. A pesar del sonido, disfruté el concierto y finalmente aprovechamos para echar una charla con ellos cuando terminaron para ver qué tal se tocaba en ese escenario. Las noticias no fueron demasiado alentadoras. El sonido dentro in-stage no debía ser demasiado bueno por lo que me estaban comentando. Ahora nos toca subir a nosotros.
Ya arriba y con todo montado, nos disponemos a dar nuestra hora y cuarto de repertorio delante de alguno de los quintos, los "Factum est" y los niños. Uno de ellos se sube al escenario para hacer la gracia. Con toda la amabilidad de la que soy capaz le invito a bajarse (si todavía no lo habéis averiguado, no, no soporto a los niños). Comienza la descarga. Primeros acordes y... nos explotan los oídos! el sonido dentro del escenario era imposible de descifrar, algo así como quinientas bubucelas pasando por un megáfono. Me cuesta encontrar la batería entre todo el barullo y seguir el ritmo. Raúl tampoco oye nada y es incapaz de acoplarse al tono, me hace señas desesperadas para que suba el volumen, Manu está haciendo un magistral ejercicio de "ad libitum" y Jorge se intenta acoplar a todo como puede. El sonido es un caos, todos desacompasados y Raúl fuera de tono contínuamente, lo que le lleva a hacer unas alarmantes bajadas para poder entenderse entre todo el jaleo. Mientras tanto en la mesa Ángel esta buscando la cuadratura del círculo para solucionar todo este desastre. Tienen que pasar unos tres temas para que empecemos a ver un poco de luz entre tanta oscuridad auditiva, pero el daño ya estaba hecho. Los pocos que nos están viendo tienen una cara de espanto terrible y empiezan a pasar los graciosos de turno delante del escenario tapándose los oídos entre risas. Los organizadores, amablemente nos deslizan unas cervezas al escenario, por desgracia, la mía me la colocan delante de la pedalera y en un momento de máxima exaltación metalera sale rodando victima de un derechazo a lo Prosinecky... Transcurre el concierto y, a pesar del sonido, logramos encarrilar la actuación, salvo por un detalle:
Veo que el salón se ha llenado de gente de golpe y todos mirándonos con cara de pocos amigos. Empiezan las protestas y gente que, empieza a hacer comentarios para que vayamos terminando. Yo doy por hecho que no ha gustado en absoluto el concierto y nos limitamos a terminar el repertorio de hora y cuarto que teníamos apalabrado. Mis compañeros, a excepción de Raúl vuelven a la cara de entierro provocada por el desarrollo de los acontecimientos, y eso mezclado con la reacción que estoy viendo en el público me ponen extremadamente incómodo sobre el escenario. Vamos terminando la actuación y la gente sigue haciendo comentarios para que terminemos cuanto antes. Cuando llegamos al final la gente esta muy molesta y se alegra de que hayamos terminado de una vez. Me doy la vuelta y empezamos a hablar de que con este ambiente casi mejor que nos ahorramos el bis. En el mismo momento que estamos diciendo esto , Raúl se ha dado la vuelta y micrófono en mano, pronuncia las siguientes palabras con toda la emoción del mundo:
"THE RHYME OF THE ANCIENT MARINER"!!!
Para una vez que decidimos hacer una versión, nos marcamos una de un cuarto de hora, con un par. A día de hoy todavia me rio solo de pensar lo que suponía para un público ansioso de que nos bajaramos del escenario escuchar esto... En aquel momento solo quería que me tragase la tierra, nada mas empezar, empezaron a llover insultos, apagados por nuestra música. Yo, mirase donde mirase solo veía caras de entierro, tanto dentro como fuera del escenario, y yo que tampoco estaba muy fino, solo quería salir pitando de allí. El único que estaba disfrutando de todo esto era Raúl, que se gozó la versión de principio a fin ignorando todo lo que no fuera el temazo de Iron Maiden que nos estábamos marcando.
Cuando por fin nos bajamos del escenario nos enteramos que las quejas estaban motivadas a que la stripper cobraba por horas y nuestra actuación estaba pisando el tiempo reservado para la señorita, que aunque no actuara en esos momentos, lo estaba cobrando igual. La comisión de fiestas estaba que trinaba, pero no era culpa nuestra que la actuación no hubiera empezado a la hora que debía, y en cualquier caso, nosotros nos habíamos limitado a cumplir con el tiempo que se nos había pedido que tocásemos.
Empezada la actuación de la stripper me dirigí a la barra y pedí un litro de cocacola para mi solito. La camarera me reconoció al instante y me lo sirvió a regañadientes, muy mal encarada y mas aún cuando vió que no tenía intención alguna de pagar la consumición.
Nos dedicamos a ver el striptease intentando olvidar el momento pasado un rato antes; la señorita empezó a contonearse al son de la música ante la mirada del nutrido grupo de niños anteriormente mencionados (cuyas edades rondaban desde los 5 a los 9 años aproximadamente) que miraban con cara de viciosos (estamos hablando de las 5 de la mañana y puestos de azucar hasta las orejas) y gritando de vez en cuando para que se quitase la ropa de una vez. Me pude echar unas buenas risas cuando la chica cogió nuestra silla (mas bien la de Jorge) para restregarse el mato grosso sin tela alguna que se interpusiera. Después de eso, no sabíamos si enmarcar el taburete o lavarlo con zotal.
La salida a León no fué demasiado agradable. Todos sabíamos como había salido la noche, y a pesar de haber cobrado bien, Jorge estaba muy disgustado con el resultado. Sabíamos que tenía razón, pero los viejos fantasmas y las desavenencias posteriores al concierto dejaron tocada de muerte a la banda.
Poco tiempo después, y a pesar de haber encontrado teclista (Jose Antonio, el organizador de este último concierto) terminamos disolviendo definitivamente el grupo de una manera que no nos hubiera gustado.
El sueño acabó.
Como siempre preparamos la actuación con el repertorio habitual, y esta vez con sorpresa. Por primera vez en muchísimo tiempo en el repertorio de Adae figuraba una versión. Y no cualquiera, pero no adelantemos acontecimientos.
Coincidió que la semana del concierto yo me había desplazado a Madrid y llegaba otra vez a León el mismo día de la actuación, concretamente dos horas antes, por lo que me iba a ahorrar el cargar y descargar. La única pega iba a ser que el viaje de vuelta en autobús me había dejado baldado, entre las muchas paradas intermedias y un mongol que tenía delante que se empeñaba en echar el asiento hacia atrás para echarse una siesta. Tras una amable invitación a se sentara como las personas (y no como los animales, con el debido respeto a estos últimos) y varias patadas en el respaldo, conseguí llegar a León no demasiado hecho polvo.
Entre medias del viaje hice un par de llamadas a mis compañeros para ver como iba todo. En un principio no me preocupé demasiado por el tema, pero un último comentario me dió algo de mala espina. Semanas antes había hablado con Jose Antonio, el organizador del evento; un chico que estaba intentando montar un festival de rock en su pueblo con todas las ganas del mundo, pero como siempre en estos casos, haciendo maravillas con el poco presupuesto del que disponía. Bueno, a lo que iba, cuando hablé con el le sometí prácticamente a un tercer grado con el fin de averiguar las características y el set-up del escenario. En un principio íbamos a tocar al aire libre en un tablado ad-hoc, pero cuando llamé a mis compañeros me dijeron que finalmente íbamos a tocar en la casa de cultura de Castrofuerte, con partidas de ping-pong incluídas.
Llegué a casa, me dí una ducha rápida, y mientras mi chica se quedaba despatarrada bien a gusto en el sofá yo ya estaba camino de Valencia de Don Juan para reunirme con el resto de los miembros de Adae. Tras un relajante trayecto nocturno en mi cochecito nuevo llegué con mis guitarras y, tras pasarme por Castrofuerte para localizar a mis compañeros tuve que dar la vuelta ya que estos estaban dispuestos a cenar en una pizzería en Valencia de Don Juan. Aparqué enfrente del castillo (la vista prometía una noche alentadora) y me dirigí hacia el restaurante, donde además de mis compañeros me encontré a Ángel, bajista de Darkkam que esa noche se iba a encargar de la sonorización. Cenamos bien y tras un agradable rato de charla nos dirigimos hacia la casa de cultura de Castrofuerte. El concierto iba a empezar entrada la madrugada, pero los acontecimientos hicieron que la cosa empezase mas entrada la madrugada de la cuenta.
Cuando entré en el sitio en cuestión la visión fue algo desconcertante. Terraza llena de gente celebrando las fiestas entre barajas y cubatas y algunos niños de muy cortita edad pululando por delante del escenario, detrás del escenario y dentro del escenario. El sitio en cuestión tenía un techo bajo y el sonido para fuera era complicado de entender. Tanto Ángel como Jose Antonio se afanaban por que aquello sonase de la mejor manera posible mientras "Factum est" comenzaban su descarga. Me he ahorrado detalles de la prueba de sonido porque simplemente, no fue algo demasiado relevante en mi memoria. Con mayor o menor suerte, a las tres y pico de la mañana y con un puñado de niños pequeños bailando y subiéndose al escenario cuando podían, termina su actuación. A pesar del sonido, disfruté el concierto y finalmente aprovechamos para echar una charla con ellos cuando terminaron para ver qué tal se tocaba en ese escenario. Las noticias no fueron demasiado alentadoras. El sonido dentro in-stage no debía ser demasiado bueno por lo que me estaban comentando. Ahora nos toca subir a nosotros.
Ya arriba y con todo montado, nos disponemos a dar nuestra hora y cuarto de repertorio delante de alguno de los quintos, los "Factum est" y los niños. Uno de ellos se sube al escenario para hacer la gracia. Con toda la amabilidad de la que soy capaz le invito a bajarse (si todavía no lo habéis averiguado, no, no soporto a los niños). Comienza la descarga. Primeros acordes y... nos explotan los oídos! el sonido dentro del escenario era imposible de descifrar, algo así como quinientas bubucelas pasando por un megáfono. Me cuesta encontrar la batería entre todo el barullo y seguir el ritmo. Raúl tampoco oye nada y es incapaz de acoplarse al tono, me hace señas desesperadas para que suba el volumen, Manu está haciendo un magistral ejercicio de "ad libitum" y Jorge se intenta acoplar a todo como puede. El sonido es un caos, todos desacompasados y Raúl fuera de tono contínuamente, lo que le lleva a hacer unas alarmantes bajadas para poder entenderse entre todo el jaleo. Mientras tanto en la mesa Ángel esta buscando la cuadratura del círculo para solucionar todo este desastre. Tienen que pasar unos tres temas para que empecemos a ver un poco de luz entre tanta oscuridad auditiva, pero el daño ya estaba hecho. Los pocos que nos están viendo tienen una cara de espanto terrible y empiezan a pasar los graciosos de turno delante del escenario tapándose los oídos entre risas. Los organizadores, amablemente nos deslizan unas cervezas al escenario, por desgracia, la mía me la colocan delante de la pedalera y en un momento de máxima exaltación metalera sale rodando victima de un derechazo a lo Prosinecky... Transcurre el concierto y, a pesar del sonido, logramos encarrilar la actuación, salvo por un detalle:
Veo que el salón se ha llenado de gente de golpe y todos mirándonos con cara de pocos amigos. Empiezan las protestas y gente que, empieza a hacer comentarios para que vayamos terminando. Yo doy por hecho que no ha gustado en absoluto el concierto y nos limitamos a terminar el repertorio de hora y cuarto que teníamos apalabrado. Mis compañeros, a excepción de Raúl vuelven a la cara de entierro provocada por el desarrollo de los acontecimientos, y eso mezclado con la reacción que estoy viendo en el público me ponen extremadamente incómodo sobre el escenario. Vamos terminando la actuación y la gente sigue haciendo comentarios para que terminemos cuanto antes. Cuando llegamos al final la gente esta muy molesta y se alegra de que hayamos terminado de una vez. Me doy la vuelta y empezamos a hablar de que con este ambiente casi mejor que nos ahorramos el bis. En el mismo momento que estamos diciendo esto , Raúl se ha dado la vuelta y micrófono en mano, pronuncia las siguientes palabras con toda la emoción del mundo:
"THE RHYME OF THE ANCIENT MARINER"!!!
Para una vez que decidimos hacer una versión, nos marcamos una de un cuarto de hora, con un par. A día de hoy todavia me rio solo de pensar lo que suponía para un público ansioso de que nos bajaramos del escenario escuchar esto... En aquel momento solo quería que me tragase la tierra, nada mas empezar, empezaron a llover insultos, apagados por nuestra música. Yo, mirase donde mirase solo veía caras de entierro, tanto dentro como fuera del escenario, y yo que tampoco estaba muy fino, solo quería salir pitando de allí. El único que estaba disfrutando de todo esto era Raúl, que se gozó la versión de principio a fin ignorando todo lo que no fuera el temazo de Iron Maiden que nos estábamos marcando.
Cuando por fin nos bajamos del escenario nos enteramos que las quejas estaban motivadas a que la stripper cobraba por horas y nuestra actuación estaba pisando el tiempo reservado para la señorita, que aunque no actuara en esos momentos, lo estaba cobrando igual. La comisión de fiestas estaba que trinaba, pero no era culpa nuestra que la actuación no hubiera empezado a la hora que debía, y en cualquier caso, nosotros nos habíamos limitado a cumplir con el tiempo que se nos había pedido que tocásemos.
Empezada la actuación de la stripper me dirigí a la barra y pedí un litro de cocacola para mi solito. La camarera me reconoció al instante y me lo sirvió a regañadientes, muy mal encarada y mas aún cuando vió que no tenía intención alguna de pagar la consumición.
Nos dedicamos a ver el striptease intentando olvidar el momento pasado un rato antes; la señorita empezó a contonearse al son de la música ante la mirada del nutrido grupo de niños anteriormente mencionados (cuyas edades rondaban desde los 5 a los 9 años aproximadamente) que miraban con cara de viciosos (estamos hablando de las 5 de la mañana y puestos de azucar hasta las orejas) y gritando de vez en cuando para que se quitase la ropa de una vez. Me pude echar unas buenas risas cuando la chica cogió nuestra silla (mas bien la de Jorge) para restregarse el mato grosso sin tela alguna que se interpusiera. Después de eso, no sabíamos si enmarcar el taburete o lavarlo con zotal.
La salida a León no fué demasiado agradable. Todos sabíamos como había salido la noche, y a pesar de haber cobrado bien, Jorge estaba muy disgustado con el resultado. Sabíamos que tenía razón, pero los viejos fantasmas y las desavenencias posteriores al concierto dejaron tocada de muerte a la banda.
Poco tiempo después, y a pesar de haber encontrado teclista (Jose Antonio, el organizador de este último concierto) terminamos disolviendo definitivamente el grupo de una manera que no nos hubiera gustado.
El sueño acabó.

No hay comentarios:
Publicar un comentario