jueves, 12 de enero de 2012

No es pais para viejos (vagos)

17/04/10 Bar "El vago viejo" Villacalbiel.

El que busca encuentra. Cuantas veces no hemos oído esta afirmación tan rotunda y categórica? Pero, como dijo el bueno de Ozzy Osbourne: "No hay verdades indiscutibles ni costuras invisibles".

Esta es otra de esas actuaciones que encontramos por medio de un conocido/familiar de un conocido. En cualquier caso, en ningún momento nos paramos a pensar donde y como íbamos a actuar, ya que en aquel momento nos movía única y exclusivamente la motivación de pisar un escenario.

El Vago viejo, era un bar situado en un pequeño pueblo cercano a Villamañán. No es cuestión de despreciar nada por el mero hecho de que esté situado en un pueblo pequeño. Es más, gran parte de nosotros debemos muchísimo a los pueblos pequeños ya que suele ser donde empezamos a dar nuestros primeros pasos en un escenario. A donde quiero llegar, es a que hay un momento en el que te planteas si merece la pena tocar por dinero en cualquier sitio o si prefieres estar en otro escenario con mayor afluencia de público (y al que le guste lo que haces) aunque no veas un duro.

Llegamos al sitio en cuestión y aparcamos al lado de una chopera. Era un día nublado y la primera impresión del sitio no fue demasiado buena. Tampoco la segunda, ni la tercera... y así sucesivamente.Dicen que no hay escenario pequeño, sino artistas pequeños. Sabíamos que nosotros todavía estábamos en edad de crecer, pero era un poco desmotivador empezar a montar todo a ras de suelo en una esquina del bar ante la atenta mirada de gente mayor que iba a tomar el chato de media tarde y unos cuantos niños que curioseaban ya que no había nada mejor que hacer.

La prueba de sonido fue desalentadora. Los techos eran bastante altos con lo cual el sonido rebotaba contra las paredes como una pelota de caucho lanzada con un bazooka. Nada mas Manu dio los primeros toques nos dimos cuenta que aquello iba a ser complicado. Todo el mundo intentaba luchar contra el desánimo, yo también lo intentaba pero lo mas que conseguí fue un sano estado de resignación. Para colmo, Jorge se había dejado olvidada la correa del bajo en casa y tuve que dejarle mi correa de emergencias. Esto planteaba dos problemas:

1. Tiene tachas. El pelo se enreda y tocar con eso es garantía de una calva en la collejera.
2. La medida no es la adecuada para un bajo, y el enganche no ajustaba bien con el cierre de seguridad.

Todo ello obliga a Jorge a tocar apoyado en la pared vigilando muy bien sus movimientos.

Superado todo esto nos decidimos a cenar. La encargada del bar fue muy amable y nos preparó algo para llenar la panza, cosa que no nos vino nada mal. Y una vez que acabamos, nos decidimos a esperar y esperar a que viniera alguien a vernos, ya que aparte de unos cuantos señores de mediana edad con varios cubatas en el cuerpo, los dueños del bar y los conocidos habituales(novias familia, Leti, Mari y cia), allí no había aparecido nadie. El trabajo de publicitar la actuación estaba hecho, carteles, radio, redes sociales y boca a boca... Aprovechamos para un cafetito y unas aguas y seguíamos charlando con la gente. Pasó algo así como una hora y al ver que nadie se acercaba decidimos comenzar con la actuación.

Aquello era un ciclón de sonido y en los primeros compases, los parroquianos acubatados ponen cara de esfuerzo. Miro a Raúl y veo que intenta mantener el tipo y dar espectáculo, nos miramos e intuyo que decidimos ignorar las caras de la gente que teníamos enfrente. Tras unos pequeños ajustes de volumen in-stage conseguimos controlar un poco el rebote.En estas aparece Javi con sus dos chavales. Javi, es un compañero de trabajo de Manu que ensayaba al lado nuestro con sus dos hijos pequeños, el mas mayor en ese momento creo que tenía 10 años. Uno toca la batería y el otro el bajo, y decidió enseñarles a tocar y hacer un pequeño grupo con ellos. El resultado fue un rock fresco y sin pretensiones (mas que la de la pura diversión y las cosas bien hechas) que nos sorprendió a todos al ver a estos dos chicos capaces de hacer en pocos meses lo que a alguno nos había costado unos cuantos años. Pero creo que me estoy desviando del tema.



Reubico la escena. Nosotros en una esquina del bar. Enfrente nuestros conocidos, y alicatados a la barra, un puñado de cuarentones bajando cubatas descojonándose de nosotros y del ruido que estabamos haciendo. En no se bien que momento, decidí que esa noche iba a pasármelo bien. Y a partir de ahí, me la empezó a sudar todo. Pero no solo todo lo que había en el bar, sinó que me la empezó a sudar todo lo que había en el mundo. Los problemas, el trabajo, las malas caras, incluso el público que teníamos delante. Era un fin de semana por la noche, tenía una guitarra en las manos y un sitio para tocar a todo volumen (mas o menos)... Y eso me dediqué a hacer, y me dejé llevar por la música, algo de headbang, patas abiertas, bailes exóticos... de todo. El resto realmente no se lo que pensaba, Jorge apoyado en la pared con su bajo y Manu tocando en la parte de atrás. Siempre he pensado que para ellos fue una actuación bastante deprimente.


En algún momento del concierto y entre pelo y pelo podía ver a uno de los de la barra (que ya no tenía edad para andar haciendo el tonto) imitándome haciendo una tremenda exhibición de air guitar para sus amigos. Seguimos con el repertorio de siempre y al tocar las acústicas el air guitar hero sigue haciendo gracietas a viva voz. Sigo manteniendo mi humor y mi resignación como puedo y nada mas enchufar la eléctrica vuelvo de nuevo a mi estado de catarsis metalera. El resto de la actuación transcurrió entre gente entrando y saliendo del bar (la puerta estaba justito a nuestra izquierda), los cachondeos de los felatrices de baco y los aplausos de nuestros amigos. Cobramos lo estipulado (nos descontaron la cena) y agradecimos a los dueños del vago viejo el habernos dejado actuar allí.


Marchamos a casa algo deprimidos y volvimos a abrir el acalorado debate de si debíamos ser mas selectivos a la hora de elegir donde debíamos actuar.

Y es verdad que el que busca encuentra, pero no solo es cuestión de buscar, en la música, como en la vida, hay que saber que es lo que buscas, y si te merece la pena el esfuerzo invertido en encontrarlo.
Y también hay que saber cuando te merece la pena encontrar algo que no esté a la altura de tus expectativas y aprovecharlo. Porque el que solo busca un tesoro, se deja las monedas que hay tiradas por el camino.

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