Cisneros, 30 de Junio de 2009
No todos los conciertos que hemos dado son para recordar, tanto por lo bueno como por lo malo.
Simplemente, han pasado. Y pocas cosas notables hay que reseñar. Conciertos que pasan sin pena ni gloria pero que dejan algunas cosas, como un buen rato y un modesto fajo de billetes.
Habíamos dejado la ominosa tarde de Terradillos atrás y otra vez Alfredo no podía acudir a otro concierto por motivos laborales. Cosa que ya no fue impedimento para lanzarnos a la carretera persiguiendo el axioma de Warhol. Esta vez íbamos bastante contentos ya que nos había surgido este bolo de manera inesperada y en nuestro nuevo estrenado optimismo esperábamos que a raíz de este surgiera alguno mas. Pero en esta ocasión, no fue así.
Ahorraré los detalles de siempre relativos a la carga y descarga (penosa tarea, insisto) y un largo viaje hasta tierras palentinas con destino a Cisneros. Aunque el cartel del festival (Cisnerock) había un nutrido grupo de bandas de punk, no quisimos dar importancia al hecho de que, aparte de otra banda de metal de la tierra, nosotros eramos los únicos melenudos del cartel, y dimos por hecho que el respetable querría disfrutar de una noche de rock. Pero en esta ocasión, tampoco fue así.
Empezamos. Llegamos al pueblo y a la zona que nos había indicado días antes la organización del evento. El frontón. Y no solo había un frontón, había una chopera, una piscina municipal con su bar y su zona verde, y además de eso un escenario. Un escenario a pié del frontón que resultó ser un remolque de remolacha. De grandes proporciones y espacio de sobra para moverse a gusto. Solo había dos pequeños inconvenientes:
1- A nadie se le ocurrió pegarle un manguerazo antes de empezar a montar las luces y la sonorización, el suelo estaba lleno de tierra hasta decir basta.
2- La sonorización era... precaria. Exigua. Primaria. Una mesa unos metros por delante del remolque, una tonelada de cables saliendo hacia el escenario y los micros sujetos a los amplis mediante el sistema de "ato un nudo en el asa del cabezal con el cable y el micro queda pendulando delante del cono". Creo que Hendríx experimentó con ello en alguno de sus discos. Todo este despliegue junto al suelo de chapa generaba una carga estática que me puso el pelo a lo afro. La toma de tierra, por supuesto eramos los músicos.
Bueno, a todo esto era todavía prontito y tras aparcar los coches, dimos una vuelta por las instalaciones y de paso nos dedicamos a charlar con los músicos que ya rondaban por la zona. La novia de Manu, que se había informado previamente de la existencia de piscina, corrió a ponerse el bañador y a ponerse en remojo cual fabe asturiana. Después de un buen rato esperando a una señal de preparación se nos avisó que nosotros íbamos a abrir el festival. Mal asunto. Abrir un con un cartel de grupos de punk-rock rural es un claro síntoma de que no íbamos a tener mucho público. En cualquier caso no pensamos demasiado en ello y procedimos a esperar mas ordenes de la organización mientras veíamos como se montaba el bar y demás instalaciones necesarias en este tipo de eventos. Hablando con el batería del otro grupo de metal que actuaba, supimos que le había tocado poner a el el tema de la percusión, y que había traído una que tenía en casa cogiendo polvo desde que iba al instituto... (allá en los albores de la tercera edad). Total, que llegó el momento de probar la sonorización y se necesitaba a alguien que subiera al escenario para ecualizar la batería. Ante la impasividad de los asistentes, decidimos avisar a Manu que estaba cambiando impresiones (o arrimando cebolleta, vaya vd. a saber) con su chica con la verja de la piscina por enmedio al mas puro estilo "El niño del pijama a rayas". Como el sistema de pegarle voces desde lejos no surtió efecto decidimos ir hasta la piscina, y empaquetarle el marrón feis tu feis.
Sube Manu al escenario y se encuentra una batería semiruinosa con los parches reciclados de las guerras napoleónicas y el del bombo concretamente remendado con cinta americana (ahora que ha pasado tiempo y tenemos mas experiencia entendemos porqué el sujeto trajo esta batería y no la buena con la que toca).Y no solo eso, los timbales sin afinar y muchos mas de esos detalles de los que los percusionistas se dan cuenta pero los músicos de a pié no percibimos ni aunque nos lo expliquen con airgamboys. Manu comienza a golpear el bombo y se oye un ruido parecido al de un merengue chocando contra el suelo (ptrfpl). Dicha esta frase os podéis imaginar como fue el resto de la prueba.
Una vez terminado este proceso se da la opción a todos los grupos de probar sonido. Nosotros ya nos preparamos a empezar ya que abrimos la noche. El resto de grupos se miran entre si, y entre miradas súmamente cargadas de desidia uno a uno van pasando del tema. Queremos sonar bien ante todo y dejamos bien claro que nosotros SI que vamos a hacer prueba de sonido, asique comenzamos a descargar nuestro equipo y a subirlo al escenario ante las miradas del resto de bandas... En estos momentos me doy cuenta que el remolque no tiene una triste escalerilla para subir, y mas o menos me llega por el pecho. Haciendo alarde de mi penosa forma física me subo a pulso y al no poder apoyarme con el pié, lo hago con la rodilla y hago la croqueta para incorporarme. Resultado, mi flamante atuendo negro-heavymetal-morboso-erotico-pecaminoso complétamente lleno de tierra. Suspiro. Subimos el equipo, colocamos los micros en su sitio (nudo cable y micro pendulante) y nos dedicamos a probar sonido ante la mirada (otra vez) del resto de músicos que están alicatados a la barra del bar que se había colocado en el frontón. A partir de aquí, prueba de sonido genérica y mas bien poco productiva.
Bajamos pues del remolque y nos dirigimos hacia el bar donde nos echamos unas cañas al gaznate. Minutos antes, había llegado este compañero de Palencia que nos había encontrado el bolo de Terradillos. Tras una breve conversación en la que omití los detalles mas escabrosos de aquella tarde me dediqué a espatarrarme en la terraza.
Pasado un tiempo prudencial, y de muy buen rollo, nos dirigimos al bar del frontón para disfrutar de otro de los beneficios de ir a ciertas actuaciones. La cena. Esta vez tocó... MACARRONES!!! con tomate y su chorizo. Y de la nada, cual milagro de los panes y los peces empezaron a surgir platos de macarrones que se amontonaban en la barra que eran devorados ávidamente por los asistentes, tortilla de patatas y demás piscolabis completaban el ágape. Esta vez, y en un acto de previsión poco habitual en mi, decido comer poco, ya que pasta+liquido en estomago= barrigada.
Acabada la cena, tomó el pan y le dijo a sus discípulos... (ida de pinza).
Acabada la cena, ya sólo nos quedaba esperar a la hora convenida y comenzar nuestra actuación. Eso y recoger las camisetas del festival que nos regaló la organización. Camisetas que además decidimos ponernos al subir al escenario.
Y comenzó la actuación. Y el público no se enteró. O no quiso enterarse. El caso es que delante de nosotros estaba la novia de Manu y cuatro despistados. El resto, alicatados en la barra del bar. Y una a una fueron pasando las canciones delante de nadie. Y cada vez que me giraba a mirar a alguno de mis compañeros, un semblante gris y descompuesto brillaba tras el ardor del metal y las luces del escenario. Y salieron los temas, y yo metí un montón de gambas... pero me dio lo mismo. Aun sabiendo que es romper el sacrosanto mantra de "dar lo mejor de ti mismo en cada actuación, sean cuales sean las circunstancias".
Y acabó la actuación, y el publico siguió sin enterarse y sin querer hacerlo. Total, que decidimos aprovechar los 8 vales para bebidas que se nos dio para la barra y de paso ver la actuación del siguiente grupo. Una banda de rock rural (como ellos mismos habían autodenominado) con una puesta en escena basada en disfraces de vaca, de ganadero y multitud de banderas de John Deere ondeando al son de los ritmos de inspiración jamaicanopunkrocker. En esto que el frontón se llenó de gente, pero mucha gente. Y noté una pequeña punzada en el orgullo. Después de estribillos como "Mujer rural tu eres feliz, porque la paz de nuestros pueblos no la tienes en Madrid" ó " Me he comprado 4 tipos de calzado" decidí darme a la bebida, a la espera de marchar a casita previo pago del dinero estipulado. En este proceso, doy otra vez con ese coleguilla que había arreglado el bolo de terradillos, que trabajaba para la promotora con la intención de sacar algún que otro concierto. La frase fue "Si señor, se os puede llamar para tocar por ahí".
Ya tirando de la manga del resto del grupo para marcharnos como un niño aburrido de estar esperando en la calle a que su madre deje de cotillear con sus amigas, empieza la actuación del otro grupo metalero de la noche. Tras un par de temas propios y un cover de Maiden, decidimos avisar a la organizadora de nuestra marcha (que ya no eran horas) y de paso cobrar. Hecho esto, y tras el aviso de que se iba a editar un cd con las fotos del evento (me tenéis que dar vuestro email eh?) y que seguramente caerian otros 30 eurillos mas, puesto que sobraba dinero nos dirigimos hacia los coches (habíamos recogido todo durante la actuación de rock rural) y volvimos a casa a descansar. Que no era poco.
Post Script: a día de hoy no sabemos nada del cd con las fotos y además, somos 30 euros menos felices.
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