Viernes 26 de Junio de 2009
Esta vez, y por azares del destino, íbamos a repetir concierto en un sitio bastante cercano de aquel que en un fatídico día en nuestros comienzos tuvimos la desgracia de visitar: La Milla del Río. Ya no recuerdo como surgió este bolo, supongo que por amistades o conocidos. Pero allá nos fuimos, y no sin inconvenientes, como es habitual. Por esta época ya estábamos teniendo bastantes problemas a la hora de hacer coincidir los conciertos con los horarios laborales o de estudio del personal, más concretamente con los de Alfredo, nuestro teclista, con lo cual, y ante la pérdida de un par de bolos, decidimos adaptar nuestro repertorio para interpretarlo sin teclado y nos lanzamos a la carretera sin saber que a partir de ese momento, cada vez daríamos mas conciertos siendo cuatro.
También ese día íbamos a compartir escenario con Mirada de Angel, y como ya íbamos teniendo el culete pelado de hacer bolos compartidos, teníamos muchos recelos a la hora de ser los artistas "invitados" para el evento.
Bueno, pues después de desmontar y empaquetar (siempre remarcaré este hecho en todos mis post presentes pasados y futuros dado lo penoso de la tarea) nos lanzamos a la carretera en busca del escenario en el que nos íbamos a estrenar como cuarteto. Ya en llegando al lugar en cuestión nos encontramos en La Milla en un recinto arbolado con unas piscinitas campos de fútbol y un espacio de gravilla rodeado de casetas de feria donde se encontraba el escenario. Y ahí comienza nuestro primer momento de desvelo, un terrible dejavú... el escenario era el mismo que tiempo atrás habíamos compartido con Versículo III en el pueblo de al lado, y lo que es mas, el técnico de sonido y montador del estarivel (es decir, un templete que apenas se tenía en pié y en el que podías contemplar todo el submundo natural entre tabla y tabla) era el mismísimo personaje que tiempo atrás nos había chuleado una prueba de sonido.
Ante todo buen rollo, no fuera que el desastre fuera todavía mayor que en épocas pasadas. Aguardamos pacientemente bajo un sol de justicia a que vinieran los integrantes de Mirada de Angel para poder empezar a montar el escenario. Cuando por fin llegaron hicimos una primera y bastante grata aproximación. Tras una candid interview comenzamos a organizarnos y afortunadamente, existe gente como tiene que ser y se termina todo en un gran ambiente de entendimiento y colaboración. Terminada la prueba de sonido, decidimos ir a cenar a un burguer de Carrizo en el cual nos metimos el rancho habitual (carne carne carne vegetal y agua) con la agradable compañía de la hermana de Jorge (bajista) y 2 niños repelentes merecedores de dos ostias como dos castillos en la mesa de al lado.
Acabado el condumio volvemos al escenario (del crimen?) a ver si alguien se ha decidido a aparecer para ver el concierto. Excepto los quintos del pueblo y algún que otro allegado de MDA nadie. Normal (espectáculos "where christ gave the three voices" siempre apostando por las bandas noveles organiza este evento). Llega la hora y perfectamente organizados nos lanzamos a ello. Excepto la expectante mirada de MDA y algún que otro agregado (que ya nos vio en la pasada edición "Carrizo after death") comienza el concierto, entre nervios y una bocanada de humo artificial que me envolvió única y exclusivamente a mi, mas propia del hundimiento del titanic que de un concierto. Y para muestra, un botón:
Pues ahí estábamos dando nuestro concierto bajo un frio matador (nótese que Raúl va en cazadora) con los dedos mas tiesos que Aznar en compañía de Bush (se admiten dobles sentidos) y de paso comprobando el efecto de nuestro repertorio sin un fondo de teclas.
Y así pasaron los 50 minutos sin pena ni gloria ante la presencia de los pocos que se dignaron en aparecer, que a la postre, fueron unos minutos en los que pudimos disfrutar de un sonido correcto y sin incidentes.
Y ya bajando del escenario y tras los comentarios amistosos y criticas constructivas de MDA, decidimos quedarnos a ver su concierto. Y fue un calvario. Y no por los chicos de MDA, que sonaron realmente bien. Nuestro calvario comenzó al llegar los quintos del pueblo con ganas de fiesta. Con ganas de fiesta y 240 kilos de petardos. Con precisión milimétrica y un sentido del humor (ya que para ellos era la monda, yo la verdad no le pille el punto al tema) que rozaba lo Kitsch se iba detonando un petardo cada unos 30 segundos aproximadamente. Unas veces a nuestros pies, otras veces a los pies de las mozas que pasaban, otras veces dentro de un vaso de cubata, otras veces dentro de un vaso de plástico y un largo etc... así durante la hora y poco que duró el concierto de Mirada de Angel. Solo hubo un periodo de descanso para nuestros oídos cuando Raúl y yo decidimos ir a mear a la tapia que había detrás del escenario. El resto del tiempo fue un mix entre heavy metal, ruido de casetas de feria y petardos, y petardos, y petardos, y petardos, intercalado por unas risas cuasioligofrénicas entre uno y otro.
Acabado el concierto, y con nuestros instintos asesinos a flor de piel, nos decantamos por echar alguna que otra cerveza con MDA y unas fotos de rigor con una gente que nos había caído la mar de simpáticos.
Y el resto de la noche ya fue como siempre, con la excepción de cobrar el concierto bastante bien. Recoger, llegar al local, descargar lo justo y el tercer tiempo comentando las mejores jugadas del partido.
Una noche divertida al fin y al cabo, con un frio espantoso, pero divertida a fin de cuentas, en cualquier caso, ese fin de semana había doblete, ya que un conocido mio nos había buscado un bolo en Palencia justo al día siguiente... que fue increiblemente bizarro...
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